Apenas aceptó la posibilidad de que esa noche no dormiría, el
chico del Callcenter se quedó profundamente dormido y soñó con un mundo en el cual los colectiveros habían sido reemplazados por monjes budistas y los taxistas eran mudos; el tránsito era tan natural y sencillo que los semáforos estaban en blanco y negro; los subtes eran más grandes por dentro que por fuera y en absolutamente todos los kioscos daban el vuelto exclusivamente en monedas. "
Qué males tan necesarios: el transporte público y los dentistas" se dijo a sí mismo cuando se despertó.
0 comentaron y lo seguimos charlando.:
Publicar un comentario en la entrada